Exfoliante casero

   Con la llegada del verano nuestras abuelas acortaban las mangas, se quitaban medias y la piel estaba estropeada después del invierno. Para lucir la piel perfecta se hacían una exfoliación barata y con ingredientes a su alcance: aceite suave (de girasol, de bebé o de almendras dulces) y azúcar (moreno o blanco).
   Te echas en una mano un poquito de aceite y una cucharilla de azúcar, lo mezclas bien y te lo extiendes bien por el cuerpo, brazos y piernas. Si se termina, sólo tienes que volver a repetir la operación hasta que termines de exfoliarte.
   Ten en cuenta que no debes masajear muy fuerte ya que la piel se resentirá, hazlo de forma suave, como un masaje. Después dúchate suavemente y verás que piel te queda. Ya sabes que después de realizar una exfoliación debes hidratarte muy bien la piel, porque es precisamente en ese momento cuando mejor absorbe los productos al estar completamente limpia.
   Si no te atreves a hacerlo directamente en todo el cuerpo, puedes hacer una prueba solamente en las manos, observa la diferencia entre el antes y el después y ya verás cómo te convence.
   Un beso

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