A bocados

   Hay ocasiones en las que decimos que nos vamos a comer la vida a bocados, quizás sea en esas en las que somos tan felices que pensamos que nada se nos puede poner por delante. Otras, en cambio, no tenemos muchas ganas de nada, pero en esas es precisamente en las que tenemos que ser más fuertes y pensar que nos vamos a comer la vida a bocados.
   No es que hoy haya amanecido melancólica pero es que el nombre de la bocatería de la que os quiero hablar da juego para esta reflexión. Hoy no os puedo mostrar fotos porque ese día no recuerdo muy bien si no llevaba la cámara, no tenía batería o he borrado las fotos sin querer, así que espero que os fiéis de mi palabra.
   La bocatería A bocados está en un pueblo de la provincia de Zaragoza que se llama Alagón, íbamos de camino a Figueruelas a ver un concierto el primer día de fiestas, eran ya más de las 10 de la noche un día entre semana, así que decidimos parar a ver si nos daban de cenar a esas horas tan cercanas a la hora de cierre.
   Nuestra primera sorpresa fue que nos dijeran que sí que nos daban de cenar y además el camarero no nos puso mala cara, así que comenzamos muy bien. Cuando le preguntamos si había algo que no pudiéramos pedir por lo tarde que era nos dijo que no había ningún problema, todo lo contrario, que pidiésemos lo que nos apeteciera. Y a la hora de cerrar, a pesar de que éramos las únicas que quedábamos en el bar no nos obligaron a marcharnos ni nos hicieron correr para terminar pronto. Quizás todas estas buenas condiciones se deban a la crisis o quizás sea sólo una forma de trabajar.
   Pedimos un plato de Patatas Dluxe para compartir, esas que toda la vida se han llamado patatas gajo y que aunque para mi gusto no están tan buenas como las fritas, al ser patatas también me gustan. Porque no se si os lo he dicho en alguna otra ocasión o no, pero me encantan las patatas y me alimentaría exclusivamente de ellas. Me da igual que estén fritas, cocidas, asadas, con ketchup, con mayonesa, con salsa de queso... como únicamente no me gustan es cuando nadan en aceite.
   Y también cada una nos pedimos un bocadillo, iba a ser una noche larga así que había que cenar bien. Yo pedí uno de pechuga de pollo con boquerones en vinagre y tomate fresco. ¡Qué bueno estaba! A mí me gusta la carne muy hecha porque no soy nada carnívora y la pechuga estaba justo como a mí me gusta, además el pollo hay que cocinarlo muy bien para que no quede crudo porque es uno de los alimentos que más problemas puede causar. El tomate tenía un sabor buenísimo pero es que los boquerones en vinagre... se me hace la boca agua sólo de pensar en ellos, tenían el punto justo de vinagre para que no quitaran el sabor del resto de los ingredientes del bocadillo pero para que se notase que los estabas comiendo, buenísimos.
   Como podéis ver de esta bocatería sólo puedo decir cosas buenas, espero que si vuelvo algún día me sigan tratando igual de bien y la comida sea igual de buena porque si no es así también os lo contaré.
   Un beso

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